Mamá Expatriada en Houston: we have a problem!

Mamá expatriada en Houston

Hoy os presento a mi amiga Noelia, con la me he reencontrado a través de nuestras respectivas expatriaciones. Trabajábamos juntas y después de varios años, un mensaje en Facebook me dio la pista de que se había convertido en Mamá expatriada. Esto también me lo ha regalado la expatriación, unirme con amigas a las que había perdido la pista.


El próximo mes día 23 de marzo hará un año que me convertí en Mamá Expatriada en Houston. Ciudad, que he de reconocer, que después de un año ha conseguido adaptarse a mí…. Ja ja ja ja 😉

Hace un año por estas fechas mi familia y yo estábamos casi empaquetando las ilusiones que iban a viajar con nosotros hasta aquí. Y un año después seguimos con las mismas ilusiones o más (si cabe).

Tengo que confesar que no fue nada fácil el comienzo, cuántas veces pensé que estaba en el famoso “día de la marmota”, porque cada día era igual al siguiente, y al siguiente y al siguiente….Nada nuevo bajo el sol…

Para mí era la primera vez que salía de mi tierra y de mi círculo más cercano. La experiencia me apetecía mucho y tras un año creo estar segura, de que si cualquier experiencia de este tipo te llama a la puerta, debes dejar que entre y disfrutar de ella. Empezar una vida en otro lugar es como volver a nacer. Tienes que aprenderlo todo desde el principio porque todo lo que funciona en un sitio no tiene por qué funcionar de la misma manera en otro. Mi marido me decía: Noelia, no intentes exportar modelos, no sirve”. Y cuantísima razón tenía.

Todos los principios son duros, y quien lo niegue falta a la verdad, porque el ser humano es una animal de costumbres y lo que primero echas de menos son eso: tus costumbres; tu día a día; tus grandezas y tus miserias allá donde estabas.

A mí me pasó exactamente eso. Cuando al día siguiente de aterrizar en un país que no era el mío, en una casa prácticamente vacía y sin nada en la nevera (como se suele decir), ves que tus rutinas no están porque simplemente tú no estás allí, entonces te entra un profundo sentimiento de angustia y te empiezas a hacer un montón de preguntas que solo el eco de la nueva casa sabe responderte. ¿Qué hago aquí?; ¿dónde están los míos?; ¿por qué estoy aquí ?, y sobre todo, ¿qué voy a hacer ahora?

Todas esas preguntas no tienen respuesta inmediata, sólo el tiempo te ayuda a encontrar las respuestas. Y menudas respuestas, jamás las hubieses imaginado…

El proceso de adaptación es eso, un proceso, y como tal tiene que tener sus fases y hay que pasar por todas y cada una de ellas de manera obligada.

Yo, que vengo del mundo de los Recursos Humanos, sé lo que significa adaptación al cambio y cómo hay que llegar a lograrlo. Lo importante es la actitud. Cómo afrontas la vida te da pistas de cómo eres. Eso es una verdad absoluta.

Mi consejo es que tu actitud sea proactiva, sal a la calle y no te importe perderte y no llegar a donde quieres, seguro que por el camino descubres todo un abanico de personas, cosas y vivencias que harán que llenes tus días de anécdotas que te acompañarán siempre.

El balance de este año en Houston es más que positivo, y de todo lo que llevo vivido aquí, me quedo con la sonrisa que tiene mi cara cuando mi hija Marta me dice cada día: “ I love you, Mami”.


Estoy segura de que la expatriación también te ha puesto en contacto con conocidas en tu misma situación y me encantaría conocer ese reencuentro ¿nos lo cuentas?

Laura.

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Comments

  1. Pues la verdad es que no me he reencontrado con nadie, mi marido si. Pero he conocido gente estupenda que me han enseñado nuevas maneras de ver la vida. Estoy totalmente de acuerdo en que una actitud poractiva salva expatriaciones, pero como dices todo son etapas y pasar la época de me quiero morir es a veces necesario, pero no imprescidible si te la ahorras eso que ganas. Yo no me la ahorre, para nada, eso si el resurgir es un proceso de autocrecimiento, un regalo de la expatriación.

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