Yo conocía de antemano muchas de las condiciones a las que me exponía por mudarme a este país. Lo que no pude anticipar hace 10 años era lo que provocaría en mi quedarme tanto tiempo y ver a mis hijos partir del hogar mucho más temprano de lo que imaginaba. Lo que podría llamar «el nido casi vacío»

Es claro que a través de películas y series había visto historias de familias americanas mudando a sus hijos a la universidad. Todo el ritual que ello implica y los estereotipos que Hollywood repande por el mundo no fueron suficientes para alertarme de lo que implicaba el nido casi vacío antes de lo previsto.

Me mudé a los Estados Unidos con dos hijos con los que comencé a transitar la escuela primaria americana, lejos estaba en mi mente la idea de verlos graduarse aquí y partir del hogar a los 18 años. Mas aún cuando venía de dos mudanzas anteriores. Pero esta realidad fue llegando de a poco y mis hijos son parte de ella.

En cada país se vive de forma diferente el momento en que los hijos se van del hogar, depende mucho de dónde nos encontremos, las costumbres de cada familia y sus posibilidades. Algunos anhelan lo que estamos viviendo hoy en mi casa, otros no me envidian en absoluto. Y ahí también me encuentro yo, desorientada por momentos, y no por el abrumador sistema de ingreso universitario, sino por lo que a mí me provoca. Es un terremoto interno sin dudas. No es tanto un replanteo de algunas elecciones, sino el confirmar que podemos anticipar situaciones pero no tenerlas bajo control.

Y los protagonistas, ¿cómo lo viven?

Para quienes están acostumbrados a mudanzas, es una mas pero con características muy particulares, ya que mamá no está al lado para resolver muchos temas cotidianos. Por otro lado se encuentran preparados para enfrentar miradas y sumergirse en un nuevo universo donde diferentes culturas y personalidades se cruzarán en su camino.

Pero para ellos no es algo que se da por obvio, muchos no lo tenían tampoco en su planes hace algunos años y se han tenido que adaptar a esta situación. Y como todo cambio, cuanto más podamos acompañarlos, más fácil resulta.

¿Qué sucede con los hermanos menores cuando el mayor se va?

Con los hijos menores sucede un poco lo mismo, dependiendo de las edades. Algunos ven con estupor cómo la dinámica familiar va cambiando sin que ni siquiera les hayan consultado. El que se gradúa primero y se muda es quien de alguna forma lleva el peso de marcar un cambio radical en el día a día de la familia. El menor es un gran espectador al que idealmente podemos hacer participar de diferentes formas de este proceso. Desde ayudar con algunas compras, planificar viajes de visita pero sobre todo darle lugar a que exprese sus sentimientos al respecto.

Algunos hermanos se alegrarán mas que otros si pasan a ser «hijos únicos» en el hogar, otros no apreciarán que tengamos la atención puesta solo en ellos, algunos aprovecharán las circunstancias, mas que nada cuando de una familia numerosa se trata. Es lo que me han comentado, porque con sólo dos hijos no tengo la experiencia personal.

En resumen…

Yo no oculto las cosas que me agradan y desagradan del sistema, lo hablamos abiertamente e intercambiamos puntos de vista, como con tantos otros temas. Que entiendan que para nosotros es un cambio tan fuerte como para ellos no es algo de lo cual hay que preservarlos. Acompañar esos nuevos pasos, esas nuevas etapas, de la manera mas sana posible es la clave.

Este no es un mensaje de desesperanza, sino de consejos y apoyo mutuo. Seamos abiertos siempre y compartamos, según la edad de nuestros hijos, algunas de nuestras preocupaciones y sentimientos. Eso no es mas que un ejemplo que les damos de que es natural no coincidir en todo y al mismo tiempo apoyarlos en un nuevo proyecto. Creo que es mas genuino que hacer como si nada sucediese.

Hace 15 años, y en otro país, acompañé a mi hijo mayor a su primer día de jardín de infantes. Me costó mucho pero entendí que era una etapa importante y necesaria, y lo despedí con mi mejor sonrisa hasta mi regreso, y comprobar que estaba muy bien. Hoy siento que revivo algo similar, pero los detalles de horarios y reencuentros son otros. Miedo, orgullo, apoyo, angustia, alegría, ansiedad… Un torbellino de sentimientos. ¿Cuál agregarías a la lista? ¿Has pasado por una situación similar?

Saludos,

Erica