La soledad en el extranjero

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Mudarse de país y dejar atrás tu vida familiar, profesional y social no es fácil. Muchas de las que nos encontramos expatradas hemos vivido la soledad en el extranjero, lo que implica llegar a un lugar desconocido y sentirse perdida, a pesar de saludar a otras mamás por la mañana cuando dejas a tus hijos en el cole o ver las mismas caras al hacer las compras.

 

 

Sentirte sola cuando llegas a una nueva ciudad es de lo más común y la presión por hacerte de amgos a veces juega en contra. Llegamos con grandes expectativas en diferentes áareas: el proyecto que nos ha traído, las escuelas, el nuevo idioma y por supuesto la vida social. 

La soledad en el extranjero es una etapa que hay que enfrentar con la menor angustia posible. Depede mucho de tu personalidad y de la forma en que generalmente encaras nuevos desafíos aunque este sea de una envergadura particular. Como todo lo nuevo que uno emprende tu actitud, tu ansiedad y tus expectativas jugarán un rol esencial en la calidad de tu vida en otra ciudad. 

 

La ansiedad, cuando es excesiva, nos lleva a sentirnos mas angustiados porque las cosas no se organizan de un dia para otro. Ni los amigos ni desarmar las cajas de mudanza. La ansiedad puede ser mala consejera si te dejas llevar por ella intentando forzar vínculos, hay veces que la conexión con otra persona se da por una serie de factores que escapan a tu control absoluto y encontrate mas relajada y serena hará que las cosas sucedan con mayor naturalidad. Esto no significa que no debes salir e intentar socializar, sino que n a ti te interesa cualquier compañía ni puedes empujar a nadie a una amistad no deseada.

Tus expectativas pueden jugar en contra o a favor de este tipo de procesos. Si has llegado a destino con expectativas desmesuradas los comienzos serán más duro de lo esperado. Con esto no quiero decir que debes apuntar a poco, sin grandes esperanzas. No, la idea es ser realista y saber que bajar de un avión y llegar a una nueva ciudad es sentirse mravillado, con mucho vértigo, ansiedad y expectativas todo al mismo tiempo. La buena medida de que cada uno hará que las cosas funcionen mejor o peor. Y esa medida es algo muy personal. 

Lo que ayuda a unas les juega en contra a otras, es todo cuestión de actitud, de querer conectar y no asilarte en tu nueva realidad que muchas veces pasa solo por la compra, el cole y el órden del hogar.

Muchas de nosotras tenemos tendencia a hacer amigos con facilidad. Entablamos conversaciones fácilmente a pesar de diferentes idiomas y culturas y nuestra rutina se llena de dinamismo y actividades en poco tiempo. Otras no tenemos esa fluidez en el trato y menos en un lugar al que no sentimos como propio y muchas veces nos imponemos obstáculos como no saber  bien el idioma local y no encontrar puntos en común.

Porque la soledad es más que hacerse de un marco social, tiene que ver con la forma en que vives tu vida día a día, en cómo reorganizas tus actividades y tus intereses y los llevas a acciones concretas que te satisfacen y mejoran tu calidad de vida. Puede que te hagas de una buena amiga, de una con quien sentarte a tomar un café o con quien conversar en pleno parque rodeada de gente extraña y conectes allí.

Porque vivir lejos es compartir tu vida de una forma diferente con tu familia y amigos de toda la vida y verlos a ellos continuar con sus vidas y saber que tu no estás allí puede hacer que la soledad pese más aún. 

La vida es un flujo donde hay momentos en que nuestros amigos son las personas que encontramos mientras estudiamos, luego a partir de una tarea profesional en la que compartes muchas horas y donde pueden crearse relaciones interesantes y en tro momento tu nuevo marco social pasan a ser los padres del cole. Todos estos aspectos debes tomarlos en cuenta para saber de qué punto partes y hacia donde quieres llegar. 

Si no trabajarás en el extranjero pues probablemente debas concentrar tus energías en las madres del cole o guardería. “Y si no me caen bien que hago, me resigno?”, me decía una mamá hace poco en una sesión de coaching. La respuesta es no, resignarse a sentirte sola no es una opción, es un estado pasajero del que cada una saldrá de una manera diferente y del que muchas veces se sale con ayuda, pero se supera.

Erica

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