Niños de tercera cultura

niños de tercera cultura

 

El concepto niños de tercera cultura (del inglés Third Culture Kids – TCK) ha sido utilizado en la última década con mayor frecuencia hasta alcanzar al público general. Pero, ¿quiénes son los niños de tercera cultura?, ¿qué los define y cómo crecen y se desarrolan? Estas son algunas de las preguntas más frecuentes cuando hablamos de este tema.

Los niños de tercera cultura son en muchos casos tus hijos y los míos, no son sujetos de un experimento de laboratorio ni de una muestra de estudio sociológico.

¿Cómo definiríamos a los niños de tercera cultura?

Ruth Van Reken, quien es una eminencia en el tema y alguien a quien no deberías perder de vista, sigue las investigaciones de Dr. Ruth H. Useem, quien acuñó el término Third Culture Kid. Ella nos dice que un niño de tercera cultura es una persona que ha pasado una parte importante de su desarrollo fuera de la cultura de sus padres. Un niño  de tercera de cultura construye relaciones con todas las culturas, mientras que no tiene la plena propiedad de ninguna. En estos casos el sentido de pertenencia se encuentra en la relación con otras personas con experiencias de vida similares.

Un niño de tercera cultura nunca puede volver a convertirse en una persona monocultural. Sus padres pueden decidir regresar a su país de origen, pero los niños, enriquecidos por haber compartido la vida en sus años de desarrollo y crecimiento en otra cultura, encontrarán características de ambas culturas en su propia identidad.

En mi caso, que soy madre de niños de tercera cultura, he tenido desde el principio muy claro muchos aspectos de lo que implicaba ofrecerles a mis hijos una vida en otro país que no es el mío, y en mi caso en particular, han crecido en 3 países hasta el momento.

 

niños de tercera cultura

 

En el encuentro que se llevó a cabo en Noviembre de 2017 en New York fui invitada a participar en un seminario acerca de este tema, desde la perspectiva de la evolución de la identidad y el apego y transmisión de la cultura familiar. Compartía la mesa con gente que opinaba desde su propia experiencia de vida y colabró de forma muy concreta con ejemplos acerca de las encrucijadas que se plantean al crecer en un país y cultura diferente al de los padres. La riqueza del intercambio en este espacio fue muy interesante y pudimos ver entre los participantes las inquietudes compartidas acerca de este tema.

Las preguntas más frecuentes :

  • ¿Cómo afecta a la formación de la identidad el hecho de vivir en varios países?
  • ¿Cuál es el mayor desafío en la adapatación cuando se regresa al país de los padres?
  • ¿Qué rumbo toman los adolescentes y adultos que han crecido en contextos de alta movilidad, es decir, que han crecido en más de un país que no es el de los padres?
  • ¿Cómo pueden crecer en varios idiomas y tenerlo todo claro? ¿Cuánto los confundimos y cuánto se enriquecen con una vida multilingue?

 

Podría contarte que el encuentro no alcanzó para responder a todas las preguntas y que he continuado trabajando  en ámbitos privados con muchas madres y parejas acerca de estas inquitudes.

Lo que más rescato es la variedad de nacionalidades que se reunieron en esa sala y lo bueno que fue darnos cuenta que todos compartíamos las mismas inquietudes. El sentimiento de estar viviendo experiencias similares hizo que la esposa de un diplomático de Zimbabwe dijera que sus hijos le decían lo mismo que me comentan los míos. Venimos de mundos tan distantes y a la vez vivir lejos de nuestros países me acercó a alguien con quien jamás podía imaginar tener cosas en común.

Y esa es la riqueza de esta experiencia de vida en el extranjero. Ser padres de estos niños que aremeten ante situaciones que no se como hubiese enfrentado yo misma a su edad es lo que me hace valorarlos aún más. Y si hace tiempo me lees, sabes que no dejo de valorar esta actitud de parte de mis hijos, lo puedes leer aquí.

Lo que comparto en mis charlas y en mi tarea en las sesiones que ofrezco a través del blog, es justamente pensar cómo se adapta este tipo de vida en tu contexto familiar, tu realidad cultural y tu pareja. No todos estamos abiertos a ver que la infancia que tuvimos y muchas veces veneramos, no es la misma que transitarán nuestros hijos. Domingos con abuelos, fiestas con la familia, cumpleaños con tantos amigos que no caben en tu casa… Aceptar que es su vida y no la tuya te quita ese peso que llevas encima, y te hace poner en perspectiva tu infancia y la experiencia que les estas ofreciendo a tus hijos y que ellos transitan a su manera. 

 

Saludos,

Erica

 

 

 
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